Nuevos aires, ¿nuevos tiempos?

En medio de cierto agotamiento espiritual, la presidente Kirchner nos pega un par de gritos para recordarnos que solo el peronismo puede gobernar porque solo el peronismo saber usar el poder. La presidente Kirchner lo hace por cadena nacional no tanto para que lograr extrema difusión sino porque eso forma parte del mensaje. El Estado es el peronismo.

Atendemos al mensaje aunque no veamos las cadenas. Incluso si no leemos luego las expresiones de la Presidente publicadas en la prensa, nos hacemos cargo del mensaje. Infatigable, la presidente CFK hace campaña para obtener uno, no, no uno, digamos que dos períodos más para este Modelo.

La propuesta tiene una oposición irracional. Si bien es cierto que nadie se merece una presidente Kirchner de modos pendencieros que agita amenazas solapadas, es claro que no se trata del punto más objetable. Un Modelo de gobierno que consagra de modo definitivo una Argentina en la que algunos obtendrán una educación que le permitirá acceder a los puestos de conducción, otros, no tantos, obtendrán una educación que les permitirá, con suerte, ingresar al mercado laboral oficial, en blanco, otros estarán en el mercado laboral informal o en negro o se las rebuscarán con más imaginación que confort y el resto que son muchos, sobrevivirán con asistencia del Estado y sin ningún otro destino más que el de esa supervivencia de subsidio y asistencia pública.

En ese escenario crece una casta. Es la casta que administra el Estado y que desde allí alimenta a la democracia de partidos políticos. Con sueldos con los que el sector privado no puede competir, el Estado nacional se vuelve aspiracional aunque no ofrezca ningún horizonte profesional a destacar. No somos Francia. Nuestro modelo de Estado está lejos de serlo. Tan lejos que nuestros funcionarios y sus familias usan servicios privados de educación y salud.

En la última campaña electoral en Río Negro, fue fácil advertir que compitió el Estado en sus diversas expresiones.

El senador Pichetto a la cabeza, no tanto por el obvio respaldo que tuvo desde el importante acompañamiento del gabinete nacional hasta los camiones de Desarrollo Social de Nación aparcados en proximidades del autódromo de Viedma, sino porque gran parte de su estructura son delegados de organismos nacionales o sus propios asesores. Es el mismo caso de la senadora Odarda con una estructura cerrada que cobra del Senado Nacional o de la Legislatura Provincial.

El radicalismo, aún en la derrota, mantiene su estructura rentada por el Estado y ni hablar de J.S.R.N que es el epítome de una organización política cuya existencia es concomitante con el propio Estado rionegrino.

La Reforma Constitucional del 94 nos dejó algunos presentes griegos. Si bien es cierto que los tres senadores por Provincia debería resultar un beneficio y es aún una deuda pendiente que no se salda ni con gobiernos paralelos ni con infinidad de declaraciones de interés, no es menos cierto que el antiguo Colegio Electoral impedía que con los votos del conurbano bonaerense se ungiera a un Presidente que desde su minuto 0 sabrá que debe privilegiar los intereses del lugar o sector de mayor concentración de votos.

Hoy en Río Negro, tanto el PJ, cabeza indiscutible del FpV como la agrupación que lidera la senadora Odarda se suman a la crisis por la que atraviesa la UCR desde que fue desalojada del gobierno provincial.

Con dirigentes que compiten por cargos desde el 83, el 85 o el 87, es decir desde que no existían ni internet ni la telefonía celular pero que perfeccionaron los mecanismos para convertir a la política en el recurso de una elite y mientras el partido de gobierno mantenga la alianza con los rionegrinos consagrada en las urnas, pocas sorpresas podrían ocurrirnos.

El gobierno provincial se encamina a resolver su conflicto con el gobierno nacional que nada podría exigirle a cambio más que algún silencio de cara a la elección nacional. Negoción.

Weretilneck enfrenta un desafío importante. Ya ha dado muestra de ser imbatible en la coyuntura electoral, de reconocer con profundidad el espíritu rionegrino al que sedujo, de no escatimar en gastos a la hora en que hace falta profesionalismo, como ocurrió con su campaña, pero ahora deberá gobernar, como anunció.

Tiene la confianza de los ciudadanos y los recursos para atreverse a un proyecto ambicioso, aún reconociendo que los ciudadanos parecemos menos inclinados a trabajar a largo plazo para convertirnos en Quebec y en cambio, nos inclinamos a elegir como nuestra zona de confort a algo que se parece al viejo sketch en el que el cómico fallecido Alberto Olmedo gobernaba Costa Pobre.

Claudia Beltramino

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